Sobre Ingrid Bergman y la más bella historia de amor del cine

No hay mirada triste o dolida comparable a la de Humphrey Bogart en "Casablanca", un mito del Séptimo Arte en el que tuvo como compañera a la actriz sueca más célebre de todos los tiempos.
¿Más que Greta Garbo? Quizá no alcanzó sus cotas de divismo y siempre será opinable quién fue mejor actriz, pero mientras el recuerdo de la divina se ha ido difuminando, el de Ingrid Bergman se transmitirá indeleble mientras el romanticismo de Casablanca, la atmósfera inigualada de Rick´s y la triste despedida del aeropuerto continúen fascinando a una generación tras otra.
Pero no todo en la vida y la carrera de Ingrid Bergman es el clásico que Michael Curtiz rodó en 1942.Así nos enseña Fernando Alonso Barahona, en su última obra, acogida al formato de diccionario enciclopédico que caracteriza esta colección Todo sobre... de Ediciones Jaguar. Son casi 300 entradas que nos lo enseñan todo sobre la actriz, sobre sus películas, y sobre el mundo del cine que le tocó vivir.

Que es como decir la época dorada de Hollywood, y la época dorada asimismo del cine europeo, en el que se integró a raíz de su matrimonio en 1950 con Roberto Rosellini.
Nacida en 1915 en Estocolmo, la dirigieron todos y cada uno de los mejores directores de su tiempo: su marido italiano –por supuesto–, el citado Michael Curtiz, Victor Fleming, Sam Wood, George Cukor, Leo McCarey, Jean Renoir, Stanley Donen, John Frankenheimer, Sidney Lumet (que "arrancó" de ella su tercer Oscar, en 1974, por su versión de Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie, ¡como actriz secundaria!), Vincente Minnelli...
Todos querían contar en sus aportaciones al Séptimo Arte con esa magia suya que, como señala Alonso Barahona, "residía en su mirada, pero también en su modo de hablar, de moverse, en suma de transmitir emociones... Su forma de hacer vivir al personaje le hace tan cercano al espectador que éste cree conocerle, amarle, odiarle, llorar o reír con él. Enamorarse de ella, que es lo que hicieron millones de admiradores en el mundo entero".
No a Humphrey Bogart, sin embargo, quien, como señala el autor, mantuvo con ella una relación muy fría durante el rodaje de Casablanca. Y sí a Alfred Hitchcock, quien se había quedado prendado de su belleza, y con quien conservaría una profunda amistad hasta su muerte.
Porque... no creerían que habíamos olvidado al "mago del suspense" en la relación anterior de directores, ¿no? Todo lo contrario, es que merece tratamiento aparte, porque el cineasta británico fabricó con Ingrid dos maravillas como Recuerda (1942) con Gregory Peck y Encadenados (1946) con Cary Grant.
Los estudios que nuestro autor dedica a ambas películas, como a Casablanca, son antológicos por su concisión, completitud, y sobre todo por esa forma tan especial que tiene Fernando Alonso Barahona de hablar de cine, que enamora del Séptimo Arte a quien le lee. Quien se haya acercado a otros libros suyos sobre el tema, sabe que la sensación que uno tiene al pasar la última página es siempre la misma: "¡Yo también quiero ser cinéfilo!".
Todas las personas y cosas, hechos y dichos que tuvieron algo que ver con la Bergman hasta su fallecimiento en 1982 tienen aquí sus párrafos –o páginas, según su importancia–. Entre los que cabe destacar, para terminar, el bellísimo epitafio que le dedicó su compatriota y colega Liv Ullman, de excepcional intensidad poética. Una joya de la oratoria fúnebre, que concluye con un emotivo "Gracias, Ingrid, por enamorarnos con la riqueza maravillosa de tu vida".
Todo está escrito todo está dicho ya y sin embargo tenemos la necesidad de volverlo a contar